Ascension Church

Homilías

Homilia, 15 de octubre, 2017

 

I. Cuando busqué en Google “qué ponerse,” encontré 396 millones respuestas. La pobre persona del evangelio de hoy, que sacaron del banquete debería haber consultado “qué ponerse para una boda” en la página de Google. Si lo hubiera hecho, habría ido vestido apropiadamente, y podría haber disfrutado la fiesta. Él habría descubierto que no fue una cuestión de lo que estaba vistiendo, pero la marca que estaba vistiendo: no, no Gucci ni Nike ni Tommy Hilfiger. El mejor anfitrión espera que sus invitados vistan de Cristo.

 

II. A la fiesta, la comida es caliente y no va a esperar. El momento de ponerse en Cristo es ahora. En una comunidad cristiana, se espera que todos nosotros llevemos a Cristo todo el tiempo. Debería ser tan obvio como vestir a la ropa blanca. Me pongo esta alba cada vez que nos reunimos, como lo hicieron los primeros cristianos, por lo que es evidente cuando se la ponien estaban “vestidos en Cristo”, como si se tratara de su propia piel.

 

En esta comunidad parroquial, llevar a Cristo significa que todo el mundo encontrará una calurosa bienvenida aquí, que todos compartimos; que no es un lugar para chismes, rumores, o insinuaciones; que aunque no estamos siempre de acuerdo, somos siempre respetuosos y amables. Es un asunto urgente: si no podemos encontrar a Cristo aquí, entonces, ¿dónde lo encontraremos?

 

III. La fiesta que Dios ofrece no sólo es una cosa que sólo se lleva a cabo en un este pequeño espacio, o esa fantastica realidad que nos espera en el más allá. Jesús vio toda la vida como la hospitalidad, alegría, su amor y la generosidad de Dios se derramaban sobre el mundo cargado de su grandeza de Dios, cada respiración un bocado de gracia. Es una invitación demasiado buena para dejarla ir. Aquellos en la parábola de hoy que tuvieron las agallas para negarse a ir a la fiesta fueron culpables de que su ciudad fuera quemada. Dios tuvo “tolerancia cero” para los aguafiestas.

 

En su poema, “Buenos Tiempos,” Lucille Clifton escribe:

 

mi mamá ha hecho pan

y el abuelo ha venido
y todos están bebiendo
y bailando en la cocina
y cantando en la cocina
oh estos son buenos tiempos

 

oh niños piensan acerca de los

buenos tiempos

 

Bailando y cantando aquí en la cocina eucarística nos prepara para los buenos tiempos.

Homilia, 8 de octubre, 2017

 

I. Cuando alguien dice, “Háblame de Ascensión. ¿Cómo es tu parroquia?”, no sé por dónde empezar. ¡Ustedes son difíciles de explicar! Somos una comunidad de personas de habla español, inmigrantes recientes y no recientes de distintos países. Somos una comunidad de habla inglés. Tenemos piel morena y negra y blanca. Somos jóvenes y viejos. Somos inmigrantes de África y Asia, y los hijos de inmigrantes europeos cuyas familias han sido parte de esta iglesia por generaciones. Y luego, el resto de nosotros y todos los demás. Esta es la viña de la que ustedes y yo somos los herederos, su administradores y cuidadores.

 

II. En un artículo titulado, “A pesar de nuestras diferencias, somos una, santa, católica familia disfuncional”, Brian Harper escribe,

Vivimos en un mundo extraordinariamente e ilimitadamente diverso. Si nuestra fe tendrá alguna importancia, debe reflejar ese mundo…¿Cómo vamos a ser capaces de encontrar el mundo complicado más allá de las paredes de nuestra catedral si no podemos aguantar las complejidades dentro?

No es suficiente felicitarnos por ser tan diverso. Hay que permitir que nuestro encuentro el uno con el otro, nuestro acompañamiento del uno al otro haga una diferencia en nuestras vidas y en el mundo. Nuestras propias complejidades nos hacen más capaces de encontrar el mundo complicado más allá de las paredes de nuestra iglesia.

 

III. Hace algunos meses, varios de nosotros se reunieron los sábados por la mañana para rezar por la paz en nuestro vecindario y justicia para nuestros hermanos y hermanas inmigrantes. Cada semana, rezamos estas palabras:

Para nuestra comunidad de fe, para que podamos celebrar y recibir los diversos rostros de Cristo en nuestro culto, nuestros ministerios, y nuestros líderes;

Por la fuerza para enseñar a nuestros niños cómo resolver las diferencias sin violencia y con respeto, y el valor modelarlo en nuestro propio comportamiento;

Por el valor de tener conversaciones difíciles sobre el racismo, y para una mejor apreciación de cómo nuestras palabras y acciones—o incluso nuestro silencio—pueden impactar nuestras comunidades.

Habiendo sido bienvenidos indiscriminadamente a la viña, nos permiten ser cuidadores benevolentes e indiscriminados de la viña exuberante confiada a nuestro cuidado.

Homilia, 1 de octubre, 2017

 

I. Viviendo en Roma bajo la sombra del Vaticano y de la Basílica de San Pedro por cinco años, aprendí algo de la cultura italiana conocido como la bella figura: una persona hace la mejor impresión posible con una “figura hermosa”—una bella figura—por vestirse de la alta moda, hablar en discurso florido, y llevar títulos impresionantes. Se trata de la apariencia que uno se muestra de sí mismo al mundo. Es mejor cubrir los defectos y las fallas, y esperar que nadie descubriera la verdad, que no saben lo que realmente está pasando.

 

La respuesta a la pregunta de Jesús en el evangelio de hoy parece obvia. ¿Cuál hijo hizo lo que su padre querría? Es decir, ¿quién hizo la cosa correcta? El hijo que llegó a la viña, ¿no? Pero, por otro lado, para aquellos que valoran la apariencia sobre todo—la bella figura—la cosa mejor es dar la respuesta deseada: decir que “sí” aunque uno tiene que llevar el peso de ser un mentiroso o fraude en privado.

 

II. En el rito de ordenación de un diácono, el obispo coloca el libro de los Evangelios en las manos del ordenado recién y dice,

Cree en lo que lees,
Enseña lo que crees,
Y practica lo que enseñas.

Podemos profesar, confesar, y exhortar la práctica del amor, la misericordia y la justicia, pero el vivir estas cosas exige mucho más. Cuando la verdad está dicha claramente, es impresionante; cuando que la verdad está vivida, tanto más la claridad. Personalmente, como uno que profesa, confiesa, y exhorta la práctica del amor, la misericordia y la justicia para ganarse la vida, las expectativas son altas. Si yo no practico lo que predica, soy un mentiroso y un fraude.

 

III. Escuchemos de nuevo lo que san Pablo nos exhorta hoy, “Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús”. Y Pablo continúa, Cristo se despojó a sí mismo, fue obediente hasta la muerte de una cruz: Cristo no sólo hablaba; practicaba lo que predicaba. No podemos simplemente hablar; hay que actuar. Tenemos que ir más allá de las palabras y las apariencias. Verdaderamente tendremos una bella figura cuando vivimos la verdad.

 

 

Homilia, 24 de septiembre, 2017

 

I. La semana pasada había varias tragedias hecho por nuestra madre naturaleza. La gente de las islas caribes, especialmente del Puerto Rico y la Dominica Republicana estaban golpeadas por el huracán Irma. Algunos días más tarde, un terremoto fuerte golpeó a México en el aniversario del terremoto terrible del 1985 que, también, causó mucha destrucción y pérdida de vidas. Para todos ustedes que tienen familiares o amigos que están sufriendo por estos desastres, lamento mucho. Confíen en las oraciones y el apoyo solidario de mí y de esta comunidad.

 

A veces cuando estos desastres ocurren, gente pregunta porque Dios permitió que pasara. No tengo respuesta porque no creo que Dios invente tormentos para hacernos sufrir, pero sí, sé que algo para celebrar de estas tragedias, es como revelan lo mejor de la humanidad. Vemos personas de diferentes etnias, razas, lenguajes, etc. trabajando juntos para salvar vidas, limpiar basura y comenzar de construir de nuevo las áreas afectadas.

 

II. Isaías nos recuerda hoy que los caminos de Dios no son nuestros caminos. En verdad, a este punto de mi vida, no necesito que me haga recordar esto. Aunque al contrario a mis planes y expectativas, los eventos más formativos de mi vida han sido imprevistos e desagradables: enfermedad, debilidad, fracaso. Tales lecciones de humildad son los portales principales de la entrada del espíritu y gracia de Dios en nuestras vidas.

 

El camino de Dios es que el deseo y la necesidad nos guían al camino de la abundancia; que la debilidad es el camino a la fuerza; que la muerte es el camino a la vida; y que los últimos serán los primeros.

 

III. Jesús quisiera que sus parábolas nos provocaran y confundieran. A la pregunta del propietario si estoy envidioso que otros tienen más, y si me molesta su generosidad, mi respuesta es “Sí” y “Sí.” Y ahí está: aún otra oportunidad a entregarme al camino de Dios.
s/s: Anne Attea

 

Homilia, 17 de septiembre, 2017

I. Nigerian writer, Chimamanda Ngozi Adichie, speaks of “The Danger of a Single Story.” As I listened to a presentation of hers, I was both captivated and heartsick. She reminded me that, as impressionable young children, some of us heard and absorbed many single stories about certain kinds of people. From these stories, we concluded that black people were to be feared, their families were unstable, and they were always mad. Likewise, we learned that Mexicans were criminals who’d snuck across the border, who weren’t smart enough to speak English. We also heard single stories about American Indians, the divorced, the Irish, Protestants and Jews. Certain groups of people were outsiders not to be trusted and ought to be avoided. Now, as an adult, while I strive to be better educated, have a variety of relationships with all kinds of people, and hold various stories about others, I feel that I’m immune to the danger of those single stories, yet also know that some measure of unseemly racist residue remains in me.

 

La escritor nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, habla del “peligro de una sola historia.” Al escuchar una presentación suya, me captivó y me angustié. Ella me hizo recordar que, como niños y jóvenes impresionables, escuchamos y absorbimos muchas historias singulares a cerca de ciertas personas. A partir de estas historias, estábamos enseñados que deberíamos temer a los negros, que sus familias eran inestables, y siempre estaban enojados. Asimismo, aprendimos que los mexicanos eran delincuentes por cruzar la frontera sin permiso y que no eran lo suficientemente inteligentes para aprender y hablar inglés. También oímos las historias singulares acerca de los indios americanos nativos, los divorciados, los irlandeses, protestantes y judíos. No hay que confiar en ciertos grupos de personas, y de los extranjeros, hay que evitarse. Ahora, como adulto, aunque me esfuerzo por ser mejor educado, y tengo una variedad de relaciones con todo tipo de personas, me lamento que hay rasgos de racismo y estas historias dañosas que todavía son parte de mi.

 

II. A signature theme for Pope Francis is his call for a “culture of encounter.” A culture of encounter reaches out, fosters dialogue and friendship outside our usual circles, among different cultures and ethnicities, and especially with the struggling, the alienated, and the poor. For him, encounter, or encuentro, isn’t just a meeting, but a communing: a meeting of minds and hearts that defies exclusion and isolation.

 

Algo muy importante para el Papa Francisco es promover una “cultura del encuentro”. Tal cultura es dinámica, fomentando el diálogo y la amistad entre diferentes culturas y grupos étnicos, y especialmente con los que luchan, los marginados y los pobres. Nos llama a irnos más allá, fuera de nuestros círculos habituales, para encontrarse A DIOS en el enriquecimiento que nos espera. Para el Papa, el encuentro no es sólo estar juntos en el mismo lugar, sino una comunión de mentes y corazones que niega la exclusión y el aislamiento.

 

III. Here at Ascension, we are challenged to embrace our life as a multicultural community. What an opportunity. What a blessing. What a challenge. Why do we bother with all the multicultural and bilingual complications? Diversity is a path to a larger goal, something that we might call a reconciling community. There are too many instances in our histories when we have hurt another, when we have offended another, when we have sinned against one another. If we are privileged to live in a reconciling community, that means we don’t have to rely solely on our own inner resources to forgive those hurts, offenses & sins. It is God’s unlimited power to forgive that flows through us.

 

In today’s Gospel, The servant who was forgiven by the king was asked to forgive his fellow servant a debt of only one six-hundred-thousandth of what he had been forgiven. With God’s help, we can manage that, right?

 

Aquí en Ascensión, trabajamos intencionalmente y duro para tratar de crear una comunidad multicultural. ¡Qué oportunidad! ¡Qué bendición! ¡Qué reto! ¿Por qué molestarnos con todos los detalles multiculturales y bilingües? Yo propongo que la diversidad es un camino hacia una meta más grande, algo que podríamos llamar una comunidad reconciliadora. Lamentablemente, hay demasiados veces en nuestras historias cuando hemos herido uno a otro, cuando hemos ofendido uno a otro, cuando hemos pecado uno contra el otro. Si tenemos el privilegio de vivir en una comunidad reconciliadora, significa que no tenemos que depender solamente de nuestros propios recursos interiores a perdonar las ofensas y pecados. Es el poder a perdonar ilimitado de Dios que fluye a través de nosotros como individuos y como comunidad.

 

Hoy en el evangelio, el rey que perdonó a su siervo mucho, espera que este mismo siervo actúe con compasión para perdonar a su compañero con una deuda mucho más pequeña. Con la ayuda de Dios, podemos hacer eso, ¿verdad?

 

San Pablo nos recuerda:

Dios… nos ha entregado el mensaje de la reconciliación. Nos presentamos, pues, como embajadores de Cristo, como si Dios mismo le exhortara por nuestra boca.

 

Podemos ser una comunidad reconciliadora. ¿Qué nos impide perdonar individualmente y como comunidad? ¡Somos llamados a ser embajadores de Cristo!
To quote the Apostle Paul:
[God] has entrusted the message of reconciliation to us. This makes us ambassadors for Christ, as if God were appealing through us. We implore you, in Christ’s name, be reconciled to God!

 

We can be a reconciling community. What gets in the way of our forgiving one another as individuals and as a community?

We are called to be ambassadors for Christ!

 

Homilia, 10 de septiembre, 2017

I. “Tenemos que hablar con ellos por nuestras obras antes de hablar con ellos por nuestros labios.” Estas palabras estaban dichas por San Pedro Claver, un jesuita español del siglo XVII, al describir su ministerio con los esclavos traídos de África para ser vendido en América del Sur.

 

Lo que él conoció como verdad era que “las acciones hablan más fuerte que las palabras”, un sentimiento común entre los santos. Ayer fue el día patronal de San Pedro Claver, y el papa Francisco va a visitar hoy su tumba en Cartagena, Colombia. En su día, Cartagena fue parte del reino de España, uno de los dos puertos donde llegaron los esclavos. Tan conmovido por el sufrimiento de ellos, San Pedro pedía la abolición del comercio de esclavos, y trabajaba diariamente para atender a las necesidades de los 10.000 esclavos que llegaron de África cada año. Claver entraba las bodegas de los barcos que llevaban los esclavos, y les daba alimentos y medicinas. Querría que todos ellos hubieran recibido atención y ayuda. Se comprometió a ser “esclavo de los esclavos”. San Pedro es el patrón de la justicia racial.

 

II. El obispo George Murry, el jefe de la Comisión de los obispos de los Estados Unidos contra el Racismo, dice: “San Pedro Claver es un modelo para nosotros por mostrar como el trabajo duro y la perseverancia son necesarias para combatir el pecado del racismo y construir comunidad; hay que empezar y terminar este esfuerzo en la oración comunitaria, mientras que actuemos en maneras concretas.” Muchas veces, fallamos en este área de actuar—fallamos de poner en práctica con obras lo que predicamos de la Biblia o nuestra Tradición católica cristiana. El Papa Francisco escribe,

 

Una fe auténtica —que nunca es cómoda e individualista —siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo…de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra.

 

Esta semana, los Obispos de los EE.UU. han condenado la declaración del Presidente que puede resultar en la cancelación de DACA. Personalmente, me angustia que este acto reprensible puede significar la deportación de los “Soñadores,” especialmente a los jóvenes y sus familias de nuestra propia comunidad parroquial. A Ustedes que están en misa hoy, y a toda la comunidad, quiero que sepan que esta parroquia y nuestra Iglesia local están en solidaridad con ustedes y su lucha contra la discriminación, la criminalización y la injusticia. Hemos estado actuando, y seguiremos actuando, con y por Ustedes. Y los obispos dicen,

 

Como personas de fe, decimos a los jóvenes DACA – independientemente de su estado migratorio, que son hijos de Dios y acogidos en la Iglesia Católica. La Iglesia católica se apoya y abogará para usted.

 

Hay que recordar a San Pedro y su ejemplo de trabajar duro y persistir. Unidos en la oración, unidos físicamente, ¡sí, se puede! dejar el mundo mejor que es ahora.

 

III. Si una persona dice sus oraciones y trata de vivir su fe sin tomar en cuenta a los demás, la realidad es que esta persona no es cristiano. El evangelio de hoy claramente muestra que la Iglesia y sus miembros siempre han forzado por mantenerse JUNTOS para el camino largo. Por eso, San Mateo y los discípulos anotaron las palabras que Jesús les dejó, para que generaciones (¡hasta nosotros!) escucharíamos la Buena Nueva. Jesús querría que ellos dijeran a los demás que él está todavía y siempre con ellos. Jesús les encargó con la tarea de mantener su presencia viva en la comunidad. Y los discípulos hacían esto por actuar como Jesús actuaba con ellos: practicaban el perdón, se entregaban y se sacrificaban cuando las cosas no eran de su agrado, y ponían las preocupaciones de los demás ante sus propias preocupaciones. Al fin de cuenta, ¡eran cristianos! Cuando se desesperaban, la comunidad les ayudó a ver al Señor de nuevo.

 

Y así puede ser hoy en día. La comunión eucarística vibrante que disfrutamos aquí en la Ascensión puede liberar energía, creatividad y pasión para transformar el mundo. Nuestra comunión unos con otros puede proporcionar los medios, motivación y gracia para que nosotros seamos co-creadores del reino de Dios de justicia por amar cada prójimo como a sí mismo. Hoy en adelante, comprometámonos a hablar con nuestras obras, con nuestras manos, los pies y el corazón antes de hablar con nuestros labios. ¡Somos Cristianos—practiquemos lo que predicamos!

 

s/s: Anne Attea

Homilia, 3 de septiembre, 2017

 

I. Nuestra naturaleza humana cuando estamos experimentado cualquier estrés, es luchar or huir. Queremos escapar de la situación o circunstancia para encontrar la tranquilidad, la paz de nuevo. Pedro y los discipulos aprenden hoy que cuando se trata de seguir a Jesús, no hay escape. Jesús dice clarmente que al seguirlo significa cargar con el misterio de la muerte y la resurrección. Cuando dice, “Hagan esto en memoria mia” el “esto” es ofrecer nuestros cuerpos y nuestra sangre; es abrirnos, darnos como él lo hizo. Es vivir nuestra propia incarnación del amor de Dios.

 

II. La señal de la cruz no es simplemente un gesto para decir, “Soy católico.” Al santiguarnos, proclamamos que Jesucristo es el Señor, y todo demás no es dios. Es una confesión que nuestra fidelidad principal es a Jesucristo, que estamos dispuestos a imitar su manera de vida y enfrentar lo que venga como consecuencia de una vida de servicio y sacrificio. Al santiguarnos, ojala recordemos que nuestros cuerpos y lo entero de nuestro ser es “una ofrenda viva” como dice San Pablo. En otras palabras, que toda la vida sea un acto de entrega y adoración.

 

III. Como Pedro, prefiero ser un discípulo donde no me duela ni que mi cueste. Soy tibio y tambaleo. Quiero ignorar el sufrimiento y la injusticia. Quiero escapar. A veces, soy una roca, y a veces un obstáculo. Pero morir con Cristo no es un asunto de ser fuerte, sino de ser débil para rendir nuestros seres tambalientos y tibios a Dios que lleva nuestra condición humana a su plena potencial —tal como lo hizo para su Hijo en la cruz. La resurrección viene, no por usar de nuestras propias capacidades y recursos, sino por nuestra apertura, nuestro vacío, nuestra impotencia. Al “no escapar”, encontramos todo lo que tenemos, todo lo que nos ha dado, todo lo que necesitamos.

307
s/s: Richard Rohr

Homilia, 27 de agosto, 2017

 

I. En su obra, Cartas a un joven poeta, el autor, Rainer Rilke, aconseja a un artista de 19 años a buscar la verdad por experimentar el mundo que le rodea. En una carta, Rilke escribe que, cuando tenemos muchas más preguntas que respuestas, debemos tratar de amar las preguntas mismas. Él escribe,

 

No busca ahora las respuestas…Vive las preguntas. Quizás, sin darse cuenta, al vivir las preguntas, llegarás a vivir las respuesta.

 

 

II. “Vive las preguntas.” Y tenemos muchas preguntas hoy en día, ¿verdad? Especialmente las preguntas sobre la incertitud sobre la inmigración y sus políticas inhumanos.
En el evangelio de hoy, ¡que pregunta impresionante pone Jesús a sus discípulos! “¿Quién dicen ustedes que soy yo?” Imagine un cónyuge, un padre o una madre, o un amigo lazándole esa pregunta. La pregunta, y su respuesta, definiría todo.

 

III. Cuando oímos y entendemos la pregunta—“¿Quién dicen ustedes que soy yo?”—y quien la pide, empezamos a entender quiénes somos y de quien somos. Somos aquellos a quienes Cristo habla, aquellos que él ama y elige para seguir llevando acabo su misión en la tierra. Entonces, si Jesús nos pidiera esta pregunta hoy, ¿cómo responderíamos, y cuáles serían las consecuencias de esa respuesta?

 

• Tú eres el Cristo, el único que va a establecer la justicia en la tierra para la gente de todas las razas y tierras—y ofrezco mis dones y mi servicio para realizar tu reino aquí en la tierra.

• Tú eres el Cristo, el único que garantizará que los vulnerables y marginados no serán explotados, que el inmigrante sea bienvenido y defendido—y yo actuaré en su defensa.
• Tú eres el Cristo, él que traerá el reino de paz—y me comprometo a la práctica de la paz en todas mis relaciones.
• Tú eres el Cristo, el único que va a hacer de nosotros un pueblo santo—y me abro a mi mismo para ser transformado a este fin.

 

Y ustedes, ¿cómo responderán? “¿Quién dicen que soy yo?” Vive la pregunta, y ojalá, todos juntos, viveremos hacia la respuesta por crear el Reino de los cielos aquí en la tierra.
s/s: Dianne Bergant

 

Homilia, 20 de agosto, 2017

I. Es difícil ser una mamá. Recién leí que cuando el hijo de tres años de Faqid Nur Elmi murió de hambre y sed en el camino a Kenia desde Somalia, su madre solamente pudo rodear su cuerpo con pequeñas ramas secas para servir como un sepulcro. Ella no podía parar de llorar—hubo cinco otros niños a considerar. Preguntó, “¿Donde voy a obtener la energía para escavar una tumba para él? Solamente pasaba en como iba a salvar a los demás de mis hijos.”

 

II. La mamá en el evangelio de hoy está tratando de salvar a su hija. Si había estado buscando ayuda para ella misma, pudiera rendirse. Pero no hay nada que aviva una madre más que la preocupación por el bienestar de sus hijos. Está dispuesta a cruzar fronteras, vencer los límites, a hacer lo que sea necesario. La señora hoy inicia su clamor por ser “ruidosa y enérgica”, luego es “suplicante y sumisa”, y finalmente, “lista y directa.” Su bebé está enferma, y si este hombre, Jesús, puede sanarla, ¡su atención ella logrará!

 

III. La “gran fe” que Jesús atribuye a esta madre no es sólo su creencia en Dios, pero su compromiso resuelto, persistente e implacable para hacer mejor la situación de su amada, y encontrar una manera de lograrlo. Entre las mujeres de gran fe que conozco son las Hermanas de San José de Carondelet. Ellas fundaron la Escuela de Ascensión y sirvieron aquí durante décadas. El viernes, emitieron una declaración en respuesta a los sucesos violentos de la semana pasada en Charlottesville, Virginia. Es valioso para nuestra comunidad de fe multiracial e inmigrante.

 

Como Hermanas de San José, estamos llamadas a construir una sociedad más pacífica y unificada. Creemos que mutualidad sólo puede lograr cuando reconocemos y profundizamos nuestra comprensión de nuestro racismo. Los acontecimientos recientes son sintomáticos del aumento de los crímenes motivados por el odio, la violencia y la profunda injusticia racial. Los actos de violencia sobre las minorías y los diversos grupos raciales han sido malinterpretadas como actos individuales, en vez de reconocer la ideología sistémica e histórica del odio racial…Estamos llamados a “amar profundamente” por ser unificadores y reconciliadores para la paz, la sanación y anti-racismo… Denunciamos cualquier tipo de odio. Nos comprometemos de nuevo a la noviolencia por nuestro estilo de vida, el carisma, la acción, la oración y la participación con los demás en impugnar las acciones violentas y deshumanizadoras…

 

Si la prueba de “gran fe” es un compromiso resuelto, persistente e implacable para mejor una situación y encontrar una manera de lograrlo, ¿cuan grande es nuestra fe?

 

s/s: John Shea

 

Homilia, 13 de agosto, 2017

 
I. Mis seis años como pastor asociado en la Basílica de Santa María me permitió subir mil veces por arriba y abajo la escalera gastada del prominente púlpito alto. Allí arriba, imprentada en el piso de mármol, fue un par de huellas, dejado atrás por un siglo de predicadores. Era mi lugar favorito en el mundo de estar de pie, anclado en esas marcas—hasta que llegué a mi siguiente parroquia y estaba en aquél púlpito. Y ahora, aquí. Este es un lugar favorito para mí: seguro, cómodo, nada que temer. Tengo mi guion. De pie aquí, mis pies no se mojan, y mis zapatos bien pulidos no se ensucian.

 

II. En el evangelio de hoy, los discípulos están asustados. Uno pensaría es debido al viento y las olas. Pero me han dicho que tales tormentas bruscas son frecuentes en el Mar de Galilea: estos pescadores no deberían haber sido sorprendidos o asustados por el clima. Entonces, ¿por qué tuvieron miedo? Pensaban que veían un fantasma. Ellos creían que Jesús era un fantasma.

 

Pedro, quien frecuentemente tenía su pie en la boca, era el que se atrevía a poner su pie en el agua, que no tenía miedo de mojarse los pies. Cuando él falló, llegó la mano de Jesús, confiando en que él estaba allí, que Jesús no era un fantasma.

 

III. Demasiado a menudo, profesamos con nuestros labios que Jesús reina, que Jesús vive, que Jesús es, pero en realidad nos tememos que es sólo un fantasma, que no existe realmente. Tenemos miedo a salir de la embarcación (o el púlpito), fuera de nuestra zona de confort, sin un guión, a enfrentar esos vientos, olas, tormentas y borrascas molestas, porque no realmente creemos que Jesús está ahí, su mano extendida para salvarnos de hundir.

 

El Evangelio nos llama a ir a los márgenes, a las periferias, a lugares inseguros. Debemos aferrarnos a la verdad que no estamos solos, que nunca estamos sin la mano firme de Jesús, que en su amor y preocupación, cruza las aguas para tranquilizarnos y estabilizarnos. Ánimo. Tranquilícense. No teman.
s/s: Karoline Lewis