Ascension Church

Homilías

Homilia, Navidad 2017

 
I. La primera Navidad que pasé aquí en la Ascensión, me encontraba todavía como extranjero. Solamente llevaba cinco meses aquí, y todavía me sentía como un lugar nuevo y entre gente mayormente desconocida. Yo estaba ansioso aquí, no conocía su cultura y sus prácticas, no conocía su idioma, no sabía de ustedes. No me sentía preparado, fuera de lugar, un extranjero. Un gringo. Yo no tenía idea de cómo iba a ser acogido, si yo estaría bienvenido. Estaba tocando puertas desconocidas. ¿Encontraría posada? Casi no podía absorber la acogida tan calurosa que me dieron. Mientras sigo aprendiendo su cultura y sus prácticas, su idioma, y siguiendo a conocerte, he experimentado en este lugar, en esta “posada”, “Entre, peregrino. Le hemos estado esperando.”

 

II. “Entre, peregrino. Le hemos estado esperando.” ¡Qué palabras dulces! Esta noche, como los cristianos han hecho por casi 2.000 años, nosotros volvemos a contar la historia definitiva del encuentro e inmigración: Dios en Jesús cruza la brecha entre el cielo y la tierra. Con una acción brillante, Dios pone su tienda entre los pastores: gente pobre, marginada, errante. Jesús encuentra su lugar entre aquellos, como él mismo, que podrían quedarse fuera en el frío.

 

III. Y hay otra historia de encuentro e inmigración que se cuenta en estos días: su historia. Muchos de ustedes en nuestra comunidad viven lejos de sus países de origen, y en temor. En vez de encontrar leyes justas de inmigración, y un camino hacia la residencia o la ciudadanía, sufren la amenaza de deportaciones masivas, de que mamás y papás están alejados de sus hijos, que familias buenas y santas están siendo desgarradas. Tal como el hizo hace mucho tiempo, y como siempre ha sido, Jesús encuentra su lugar entre estas personas, al igual que él, entre ellos para quien no hay ningún espacio, entre quienes que podrían quedarse fuera en el frío: los pobres, los marginados, los errantes. Encarnado en ellos, y en ustedes, Jesús se acerca de nuevo, buscando un hogar.

 

IV. Con todo el privilegio que tengo como hombre blanco, sacerdote, y una situación económica estable, es difícil entender la profundidad del miedo y la consternación que ustedes, mis hermanos inmigrantes, experimentan. Para encontrar alguna medida de compasión, sólo necesito prestar atención al herido y vago en mí mismo, esa parte de mí que está atemorizada e incierto e inquieto, dislocado, no completamente cómodo, dejado en el frío: esa alma atribulada que anhela por la misericordia y la comprensión y el refugio. Así, puedo empezar a estar en la solidaridad con ustedes, mis queridos amigos.

 

V. Al enfrentar aquello que nos preocupa y nos pone a prueba, que nos asusta y duele, encontramos nuestra esperanza aquí en el relato, una y otra vez, de la historia definitiva de Jesús. La decisión de Dios a compartir la vida humana desde sus inicios significa que no hay nada en nuestras vidas desconocido a Dios. Tan cierto como que Dios busca un hogar en nosotros, encontramos en él nuestro hogar. “Entra, peregrino”, Jesús dice. “Te he estado esperando”.

 

s/s: Anne Attea, Daniel Groody

Homilia, 24 de deciembre, 2017

 

Llega Navidad, pero aún tenemos una oportunidad más para compartir este último momento del Adviento con María. Es el momento para prepararnos para el próximo capítulo de esta historia encantadora.

 

El místico del siglo XIV, Meister Eckhart, escribe,

Todos estamos destinados para ser Madres de Dios.
¿De qué sirve para mí si este nacimiento eterno del Hijo divino tiene lugar sin cesar, pero no tiene lugar dentro de mí mismo? Y, ¿qué bueno es para mí si María es llena de gracia si no yo soy también lleno de gracia? ¿Qué bueno es para mí por el Creador da a luz a su hijo si no también yo doy a luz a él en mi tiempo y mi cultura? Este es, pues, la plenitud del tiempo: cuando el Hijo del hombre es engendrado en nosotros.

 

Este es, pues, la plenitud del tiempo: es el momento cuando Jesús nace de nuevo en nosotros.

 

 

Homilia, 17 de deciembre, 2017

 

I. La extrema desigualdad en los ingresos y recursos entre los que tienen y los que no tienen. Los ricos ferozmente guardan sus reservas. Los poderes imperiales flexionan sus músculos. No hay esperanza para mejorar las condiciones de los pobres y los trabajadores. Una complaciente, si no cómplice, establecimiento religioso. ¿Israel del primer siglo o los EEUU de hoy?

 

II. El Magníficat, las palabras que María exclamó en la presencia de su prima, Isabel, no es una balada dulce. No debemos dejar que la poesía y la música bonita nos engañen. Este himno de Adviento de María es nada menos que un manifiesto revolucionario destinado a poner boca abajo un sistema de poder inaceptable. María proclama,

 

Ha mostrado la fuerza con su brazo, dispersa la arrogante de la mente y del corazón. Él ha derribado a los gobernantes de sus tronos, pero levantó a los humildes. El hambre se ha llenado con cosas buenas; a los ricos los despide vacíos.

 

María exhorta para la destrucción de los tronos, la deposición de los potentados del mundo, y una reordenación del poder económico. El Magnificat ha sido tan potente, que fue prohibido por dictadores y juntas en Argentina, Guatemala, México y España. Al contrario, para los más pobres, los oprimidos y marginados, los inmigrantes y refugiados, el Magnificat de María, y las palabras conocidas de Nuestra Señora de Guadalupe, son consuelo, justicia y esperanza.

 

III. Las palabras proféticas de María, de Isaías, de Juan el Bautista, no son solamente de una época de hace mucho tiempo, en un lugar alejado. Su visión de la justicia y la rectitud—la visión de Dios—determina nuestra misión en el aquí y ahora. En un día cuando el debate político es difícil de alcanzar, cuando hablar no significa mucho y cada vez es más insignificante, nuestro sagrado hablar debe conservar su sentido y su valor.

 

Nuestras escrituras de adviento son inflexibles. Sin importar cómo luchamos para resolver las disparidades entre los ricos y los pobres, el involucrarnos no es opcional. Dios claramente es partidario en este asunto: Dios está del lado de los pobres. Y Dios quiere que nosotros estemos allí, también.

 

El Adviento de Dios en Jesucristo debe reformar, cambiar, nuestras rutinas y maneras de actuar en el mundo en todos aspectos: socialmente, políticamente, personalmente. Debido a que Jesucristo fue prometido a venir y lo hizo, tenemos motivo para realizar su misión en el mundo y confiar en la promesa que él vendrá de nuevo. Mientras, no sólo podemos hablar de esa promesa a los pobres, debemos ser la promesa.

 

Así que Cristo no tiene otras manos que las nuestras; Cristo no tiene otra boca más las de nosotros; Cristo no tiene otro corazón más que los de nosotros. ¡Alégrense, Cristo ya viene! ¡Alégrense, Cristo ya está aquí! ¿Otros lo reconoce en nosotros?

 

Homilia, 4 de dicembre, 2017

 

I. Para nosotros los adultos, hubo momentos en nuestras vidas, especialmente en los años de la adolescencia y más tarde, cuando los llevaron a nuestros padres a algunos lugares que nunca lo habían elegido o esperado. Pero ellos nos acompañaron, siempre, porque éramos suyos hijos.

 

A finales de agosto, mi padre anciano se mudó de su apartamento a un centro de vida asistida, y ahora, a un asilo.
Su mente no es tan clara como era hasta hace un mes, y su cuerpo se ha puesto más frágil, también. Ahora él me lleva a lugares que nunca había elegido ni esperado. Pero no hay duda de que le voy a acompañar, siempre, porque yo soy suyo.

 

II. La corona, las velas, el morado y azul. Hemos visto a este escenario de adviento mil veces, ¿verdad? NO. La verdad es que nunca hemos estado aquí antes. Adviento no es un recuerdo o la reanimación de la venida de Cristo de hace muchos años, o un ejercicio religioso como aperitivo para Navidad. Cada Adviento, este Adviento, debe ser una excursión a un lugar a dónde aún no hemos ido; una oportunidad para encontrar a Jesucristo en una manera que no hemos imaginado o atrevido. No será, nunca puede ser, la misma cosa vieja.

 

III. Las escrituras anuncian que ya es hora de prestar atención—estar alerta, estar vigilante—no al final de los tiempos, pero dónde y cómo Cristo está revelándose hoy. Él viene todo el tiempo, llegando en cada momento. En este nuevo año, que nos lleva a lugares que no hemos elegidos ni esperados, a lugares que aún no hemos imaginados o atrevidos.

 

Dado el estado de nuestro mundo, el estado de nuestro país, el estado de nuestra comunidad, ¿a dónde nos lleve? ¿Dónde estamos llamados—personalmente y colectivamente—en favor de los inmigrantes y refugiados, especialmente aquellos en nuestra propia comunidad de la Ascensión? ¿Dónde estamos llamados con respeto a los asuntos de la equidad racial? ¿Qué pasa con los pobres, los ancianos, los hambrientos, los jóvenes? ¿Qué nos llama Cristo a decir o hacer o ser en nuestras familias? Personalmente, no sé lo que me llama a hacer, pero sé que él me llama a algo, a algo más—y francamente, estoy un poco nervioso. Pero, en un refrán familiar a me, “No sé qué me espera el futuro, pero sé quién sabe del futuro.”

 

Presten atención, estén alerta, estén vigilante. El Cristo migrante está moviéndose, atravesando, y nos obliga a ir a donde él va—y debemos ir, porque somos suyos.

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Homilia, 26 de noviembre, 2017

 

I. Fue una algo maravilloso celebrar el Día de Acción de Gracias en Ascensión. El miércoles y jueves vi feligreses que dedicaban su tiempo para alimentar a los hambrientos y los pobres, preparando y entregando 1.400 platillos de pavo. El objetivo es, por supuesto, satisfacer una necesidad humana básica en un simple acto de caridad. Pero en estas ocasiones, mucho más sucede: un obtiene una visión de Cristo la persona que da, sí, pero más vívidamente en la persona que recibe.

 

II. En la lectura de hoy, tomada del vigésimo quinto capítulo del evangelio de Mateo, el Papa Francisco llama la manera en cual seremos juzgados, Jesús directamente se identifica con los pobres, los inmigrantes, y los marginados. Jesús nos dice que si estamos buscando a él, él estará en estos lugares: su identidad con el pobre e impotente es total. Él es un rey poco común. Es mucho más un pastor bueno y verdadero que huele a sus ovejas. Y así, el cristiano tiene una singular forma de ver a los pobres y a los marginados, viendo en ellos a través de una única lente cristiana. Al tolerar las desigualdades e injusticias entre los refugiados y los inmigrantes, los hambrientos y los pobres, los desplazados y marginados—al verlas y no hacer nada—es ver a Jesús mismo y no ser tocado en el corazón; es ver el sufrimiento de Cristo que no nos importe.

 

III. Aquí en Ascensión, tenemos una oportunidad única no sólo para proclamar Mateo 25, sino vivirlo. Aquí podemos escuchar la llamada de Jesús al encontrar y abrazar a él encarnado en todos nuestros hermanos y hermanas. Aquí nos enfrentamos a cuestiones que afectan a los inmigrantes y otras personas que sufren el racismo, otros que son marginados, aunque pueda ser incómoda. Pero como dice el Beato Oscar Romero,

 

Una iglesia que no provoca crisis, predicar un evangelio que no desestabiliza, una palabra de Dios que no se mete bajo la piel, una palabra de Dios que no toca el pecado real de la sociedad en que es proclamada: ¿Qué evangelio es ése?

 

“En la noche de la vida, seremos juzgados sobre el amor mostrado.” (San Juan de la Cruz). Al final, seremos juzgados sobre si o no hemos satisfecho la necesidad humana más básica de las otras personas. Seremos juzgados solo por el amor que mostramos.

 

 

Homilia, 19 de noviembre, 2017

 

I. De los Padres del Desierto del tercer siglo viene la historia de un monje joven quien fue al anciano Abba José y le dijo,
“Padre, tanto como soy capaz, mantengo la pequeña regla y mi pequeño ayuno, mi oración, meditación, y quietud; y, tanto como soy capaz, me esfuerzo purificar mi mente de malos pensamientos y mi corazón de malas intenciones. Entonces, ¿qué más debería hacer?” Como respuesta, el anciano se puso de pie y alzó los manos al cielo. Los dedos encendieron, como diez llamas. Dijo, “¿Porqué no convertirse en fuego?”

 

II. Los talentos—el peso de las monedas de oro—que el amo dio a sus siervos sumaban hasta una cantidad fantástica—uno y dos y cinco millones de dólares; una fortuna. ¡Tanta molesta el amo tuvo acerca del siervo que enterró su millón! No se molestó porque no había generado una ganancia, sino que no había aprendido nada. El amo les confió con millones de dólares, un gran riesgo. Les esperaba que ellos continuaran su trabajo, llevando a cabo su empresa, tomando riesgos audaces ellos mismos.

 

III. Como el monje joven, nosotros mismos podemos continuar cumpliendo la regla, diciendo nuestras oraciones, haciendo lo que se requiere de nosotros. Mientras Dios nos ha dado una fortuna, bendiciendo nuestras vidas en un millón de maneras, nuestras vidas espirituales y evangélicas puedan ser una respuesta tímida y tibia, marcada por seguridad y la cautela, en vez de ser audaz y marcada por valentía. Allí, me temo, es donde me encuentro—demasiados veces, todos los días.

 

En su exhortación, La alegría del Evangelio, el Papa Francisco dice,

 

¡Cómo quisiera encontrar las palabras para alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta fin y de vida contagiosa! Pero sé que ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu Santo.

 

Dios se atrevió a poner su Espíritu divino en nosotros. Podemos ser cristianos arriesgados porque tenemos un Dios arriesgado. De la misma manera en la que Jesús pasó su vida, estamos llamadas a pasar la nuestra: continuando su trabajo, llevando a cabo su misión, tomando riesgos audaces, y dejando que el Evangelio extiende por el mundo.

¿Por qué no convertirse en fuego?

 

Homilia, 12 de noviembre, 2017

 

I. Hay un dicho en español que escuchamos mucho:
“Si Dios quiere.” “Vengo mañana si Dios quiere.” “Nos vemos la próxima semana si Dios quiere.” “Sanaré rápido si Dios quiere.” Puede ser un dicho gastado, pero para los cristianos, es la esencia de lo que sabemos y creemos acerca de nuestro Dios. Al vivir el dicho, reconocemos que nosotros no estamos en control de nada.

 

II. Estos son tiempos difíciles para muchos y en tiempos difíciles, el cristiano no cruza sus dedos, y luego espera que tal cosa suceda. Desde la encarnación de Dios en Jesús, Dios ha venido al mundo de una vez y para siempre. La venida de Dios no es un hecho del momento. Más bien, Dios siempre es presente en el espacio y el tiempo; es constante su presencia y su participación en nuestras historias.

 

La esperanza cristiana, nacida de la Resurrección, es diferente de la esperanza común. Más de confianza en nuestro futuro, la esperanza cristiana es la confianza en el futuro de Dios, ¡lo mismo que expresamos con la frase “si Dios quiere”! Cuando llegamos al fin de nuestro potencial, o no podemos imaginar ningún bien que puede venir de una situación o circunstancia dada, la esperanza en lo que es posible para Dios—la esperanza en el futuro de Dios—es lo que guardamos en el corazón y el alma. La esperanza cristiana cree que Dios intervendrá. No es un deseo, el cristiano cuenta con ella.

 

III. Entonces, para aquellas personas preocupadas por el estado de los asuntos en nuestro país y el mundo, por el crisis de liderazgo de los gobiernos, las economías que caen, y todo tipo de conflictos y enfrentamiento; por las amenazas de arrestos y deportaciones y la separación de familias; y por nuestros cuerpos debilitados y espíritus cansados, hay que tener fe y ponerla en práctica para no ser “como los que no tienen esperanza”, como dice san Pablo. En momentos como estos, tenemos que estar aún más firmes y más decididos a arraigar nuestra vida en Jesucristo—Él quién es nuestra única esperanza.

 

“Consuélense, pues, unos a otros con estas palabras”.

 

Homilia, 5 de noviembre, 2017

 

I.   Mi corazón estaba latiendo demasiado rápido ayer por la mañana cuando llegué a la Basílica de Santa María para la Confirmación de algunos jóvenes de la Ascensión. Equivocadamente, me había ido a la Catedral de San Pablo y tuve que correr para llegar a tiempo a la Basílica.  Al ubicarme de nuevo y poner atención a la Misa, me preguntaba lo que los jóvenes estaban sintiendo. ¿Estaban emocionados o totalmente desinteresados? ¿Qué pensaban de la Misa, la Iglesia, sus miembros y sus líderes? Como Jesús en el evangelio de hoy, ¿creen que sus maestros religiosos son hipócritas, orgullosos y arrogantes? ¿Escuchan a los líderes? Papa Pablo VI dijo que la gente no escucha a los maestros que no son testigos también. Dijo que la gente se siente, “una repugnancia instintiva por todo lo que aparece como fingimiento, fachada, o transigencia.”

 

En contraste a aquellas cualidades, en cada pasillo de la escuela de Ascensión están tarjetas blancas que describen rasgos del carácter cristiano: amabilidad, optimismo, respeto y otros similares. Cada semana, nuestra comunidad escolar se centra en uno de los rasgos, e intenta vivirlo. Cuando pregunté a los estudiantes en nuestra misa para la Fiesta de Todos Los Santos, ¿cuál es la primera cosa que un visitante puede ver al entrar en la escuela?, un niño mencionó esas tarjetas blancas. Otro dijo algo mejor. Dijo que la primera cosa que un visitante puede ver es, “Niños siendo simpáticos uno con el otro.”

 

El practicar lo que predicamos.

 

¿Cómo puede la Ascensión demostrar el liderazgo religioso en este lugar en este momento? ¿Cómo es líder la Ascensión en el norte de Minneapolis? ¿Cómo estamos llamados a ser líderes en apoyar a los inmigrantes y trabajar por la reforma de inmigración? ¿Cómo estoy yo llamado a ser líder?

 

Si queremos ser creíbles, Papa Francisco recuerda con regularidad a los líderes y los maestros a ser pastores quienes viven con el olor de sus ovejas. Dice,

 

Cuando se trata de cuestiones sociales, es una cosa tener una reunión para estudiar el problema de la droga en un barrio pobre y otra cosa muy distinta de ir allí, vivir allí, y entender el problema desde el interior y estudiarlo…No se puede hablar de la pobreza si no se experimenta la pobreza, con una conexión directa a los lugares en donde hay pobreza.

 

“Si quiere saber lo que una persona cree, mira sus pies, no sus bocas.” ¿Qué necesitamos hacer para practicar lo que predicamos?

 

s/s: Kathryn Mathews

Homilia, 15 de octubre, 2017

 

I. Cuando busqué en Google “qué ponerse,” encontré 396 millones respuestas. La pobre persona del evangelio de hoy, que sacaron del banquete debería haber consultado “qué ponerse para una boda” en la página de Google. Si lo hubiera hecho, habría ido vestido apropiadamente, y podría haber disfrutado la fiesta. Él habría descubierto que no fue una cuestión de lo que estaba vistiendo, pero la marca que estaba vistiendo: no, no Gucci ni Nike ni Tommy Hilfiger. El mejor anfitrión espera que sus invitados vistan de Cristo.

 

II. A la fiesta, la comida es caliente y no va a esperar. El momento de ponerse en Cristo es ahora. En una comunidad cristiana, se espera que todos nosotros llevemos a Cristo todo el tiempo. Debería ser tan obvio como vestir a la ropa blanca. Me pongo esta alba cada vez que nos reunimos, como lo hicieron los primeros cristianos, por lo que es evidente cuando se la ponien estaban “vestidos en Cristo”, como si se tratara de su propia piel.

 

En esta comunidad parroquial, llevar a Cristo significa que todo el mundo encontrará una calurosa bienvenida aquí, que todos compartimos; que no es un lugar para chismes, rumores, o insinuaciones; que aunque no estamos siempre de acuerdo, somos siempre respetuosos y amables. Es un asunto urgente: si no podemos encontrar a Cristo aquí, entonces, ¿dónde lo encontraremos?

 

III. La fiesta que Dios ofrece no sólo es una cosa que sólo se lleva a cabo en un este pequeño espacio, o esa fantastica realidad que nos espera en el más allá. Jesús vio toda la vida como la hospitalidad, alegría, su amor y la generosidad de Dios se derramaban sobre el mundo cargado de su grandeza de Dios, cada respiración un bocado de gracia. Es una invitación demasiado buena para dejarla ir. Aquellos en la parábola de hoy que tuvieron las agallas para negarse a ir a la fiesta fueron culpables de que su ciudad fuera quemada. Dios tuvo “tolerancia cero” para los aguafiestas.

 

En su poema, “Buenos Tiempos,” Lucille Clifton escribe:

 

mi mamá ha hecho pan

y el abuelo ha venido
y todos están bebiendo
y bailando en la cocina
y cantando en la cocina
oh estos son buenos tiempos

 

oh niños piensan acerca de los

buenos tiempos

 

Bailando y cantando aquí en la cocina eucarística nos prepara para los buenos tiempos.

Homilia, 8 de octubre, 2017

 

I. Cuando alguien dice, “Háblame de Ascensión. ¿Cómo es tu parroquia?”, no sé por dónde empezar. ¡Ustedes son difíciles de explicar! Somos una comunidad de personas de habla español, inmigrantes recientes y no recientes de distintos países. Somos una comunidad de habla inglés. Tenemos piel morena y negra y blanca. Somos jóvenes y viejos. Somos inmigrantes de África y Asia, y los hijos de inmigrantes europeos cuyas familias han sido parte de esta iglesia por generaciones. Y luego, el resto de nosotros y todos los demás. Esta es la viña de la que ustedes y yo somos los herederos, su administradores y cuidadores.

 

II. En un artículo titulado, “A pesar de nuestras diferencias, somos una, santa, católica familia disfuncional”, Brian Harper escribe,

Vivimos en un mundo extraordinariamente e ilimitadamente diverso. Si nuestra fe tendrá alguna importancia, debe reflejar ese mundo…¿Cómo vamos a ser capaces de encontrar el mundo complicado más allá de las paredes de nuestra catedral si no podemos aguantar las complejidades dentro?

No es suficiente felicitarnos por ser tan diverso. Hay que permitir que nuestro encuentro el uno con el otro, nuestro acompañamiento del uno al otro haga una diferencia en nuestras vidas y en el mundo. Nuestras propias complejidades nos hacen más capaces de encontrar el mundo complicado más allá de las paredes de nuestra iglesia.

 

III. Hace algunos meses, varios de nosotros se reunieron los sábados por la mañana para rezar por la paz en nuestro vecindario y justicia para nuestros hermanos y hermanas inmigrantes. Cada semana, rezamos estas palabras:

Para nuestra comunidad de fe, para que podamos celebrar y recibir los diversos rostros de Cristo en nuestro culto, nuestros ministerios, y nuestros líderes;

Por la fuerza para enseñar a nuestros niños cómo resolver las diferencias sin violencia y con respeto, y el valor modelarlo en nuestro propio comportamiento;

Por el valor de tener conversaciones difíciles sobre el racismo, y para una mejor apreciación de cómo nuestras palabras y acciones—o incluso nuestro silencio—pueden impactar nuestras comunidades.

Habiendo sido bienvenidos indiscriminadamente a la viña, nos permiten ser cuidadores benevolentes e indiscriminados de la viña exuberante confiada a nuestro cuidado.