Ascension Church

Homily, Sept. 17, 2017

 

I. Nigerian writer, Chimamanda Ngozi Adichie, speaks of “The Danger of a Single Story.” As I listened to a presentation of hers, I was both captivated and heartsick. She reminded me that, as impressionable young children, some of us heard and absorbed many single stories about certain kinds of people. From these stories, we concluded that black people were to be feared, their families were unstable, and they were always mad. Likewise, we learned that Mexicans were criminals who’d snuck across the border, who weren’t smart enough to speak English. We also heard single stories about American Indians, the divorced, the Irish, Protestants and Jews. Certain groups of people were outsiders not to be trusted and ought to be avoided. Now, as an adult, while I strive to be better educated, have a variety of relationships with all kinds of people, and hold various stories about others, I feel that I’m immune to the danger of those single stories, yet also know that some measure of unseemly racist residue remains in me.

 

La escritor nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, habla del “peligro de una sola historia.” Al escuchar una presentación suya, me captivó y me angustié. Ella me hizo recordar que, como niños y jóvenes impresionables, escuchamos y absorbimos muchas historias singulares a cerca de ciertas personas. A partir de estas historias, estábamos enseñados que deberíamos temer a los negros, que sus familias eran inestables, y siempre estaban enojados. Asimismo, aprendimos que los mexicanos eran delincuentes por cruzar la frontera sin permiso y que no eran lo suficientemente inteligentes para aprender y hablar inglés. También oímos las historias singulares acerca de los indios americanos nativos, los divorciados, los irlandeses, protestantes y judíos. No hay que confiar en ciertos grupos de personas, y de los extranjeros, hay que evitarse. Ahora, como adulto, aunque me esfuerzo por ser mejor educado, y tengo una variedad de relaciones con todo tipo de personas, me lamento que hay rasgos de racismo y estas historias dañosas que todavía son parte de mi.

 

II. A signature theme for Pope Francis is his call for a “culture of encounter.” A culture of encounter reaches out, fosters dialogue and friendship outside our usual circles, among different cultures and ethnicities, and especially with the struggling, the alienated, and the poor. For him, encounter, or encuentro, isn’t just a meeting, but a communing: a meeting of minds and hearts that defies exclusion and isolation.

 

Algo muy importante para el Papa Francisco es promover una “cultura del encuentro”. Tal cultura es dinámica, fomentando el diálogo y la amistad entre diferentes culturas y grupos étnicos, y especialmente con los que luchan, los marginados y los pobres. Nos llama a irnos más allá, fuera de nuestros círculos habituales, para encontrarse A DIOS en el enriquecimiento que nos espera. Para el Papa, el encuentro no es sólo estar juntos en el mismo lugar, sino una comunión de mentes y corazones que niega la exclusión y el aislamiento.

 

III. Here at Ascension, we are challenged to embrace our life as a multicultural community. What an opportunity. What a blessing. What a challenge. Why do we bother with all the multicultural and bilingual complications? Diversity is a path to a larger goal, something that we might call a reconciling community. There are too many instances in our histories when we have hurt another, when we have offended another, when we have sinned against one another. If we are privileged to live in a reconciling community, that means we don’t have to rely solely on our own inner resources to forgive those hurts, offenses & sins. It is God’s unlimited power to forgive that flows through us.

 

In today’s Gospel, The servant who was forgiven by the king was asked to forgive his fellow servant a debt of only one six-hundred-thousandth of what he had been forgiven. With God’s help, we can manage that, right?

 

Aquí en Ascensión, trabajamos intencionalmente y duro para tratar de crear una comunidad multicultural. ¡Qué oportunidad! ¡Qué bendición! ¡Qué reto! ¿Por qué molestarnos con todos los detalles multiculturales y bilingües? Yo propongo que la diversidad es un camino hacia una meta más grande, algo que podríamos llamar una comunidad reconciliadora. Lamentablemente, hay demasiados veces en nuestras historias cuando hemos herido uno a otro, cuando hemos ofendido uno a otro, cuando hemos pecado uno contra el otro. Si tenemos el privilegio de vivir en una comunidad reconciliadora, significa que no tenemos que depender solamente de nuestros propios recursos interiores a perdonar las ofensas y pecados. Es el poder a perdonar ilimitado de Dios que fluye a través de nosotros como individuos y como comunidad.

 

Hoy en el evangelio, el rey que perdonó a su siervo mucho, espera que este mismo siervo actúe con compasión para perdonar a su compañero con una deuda mucho más pequeña. Con la ayuda de Dios, podemos hacer eso, ¿verdad?

 

San Pablo nos recuerda:

Dios… nos ha entregado el mensaje de la reconciliación. Nos presentamos, pues, como embajadores de Cristo, como si Dios mismo le exhortara por nuestra boca.

 

Podemos ser una comunidad reconciliadora. ¿Qué nos impide perdonar individualmente y como comunidad? ¡Somos llamados a ser embajadores de Cristo!
To quote the Apostle Paul:
[God] has entrusted the message of reconciliation to us. This makes us ambassadors for Christ, as if God were appealing through us. We implore you, in Christ’s name, be reconciled to God!

 

We can be a reconciling community. What gets in the way of our forgiving one another as individuals and as a community?

We are called to be ambassadors for Christ!