Any effective social movement, one would think, needs a charismatic leader, a gifted speaker, a strategic mastermind. But consider what Reverend Cameron Trimble says about what’s happened in Minneapolis these past weeks. She writes,
There is no single leader at the center of this movement. No polished hierarchy issuing instructions. No personality holding it all together. Instead, I see ordinary people stepping toward one another around shared values: dignity, safety, accountability, care. I see neighbors feeding one another. I see people protecting one another. I see courage multiplying rather than concentrating. This is not chaos. It is coordination born from relationship.
When it comes to laws around such things as ritual obligations, Jesus can be flexible—especially when those rules are enforced at the cost of human compassion. But when the matter is the substance of human relationship—love, fidelity, truthfulness—Jesus doubles down. He goes beyond “don’t kill” to freedom from contempt; beyond “don’t commit adultery” to singular devotedness; beyond “keep your oath” to depth of integrity where no oath is needed. The community that Jesus hopes for, a community whose righteousness goes beyond that of the scribes and Pharisees, is well beyond rule-keeping and external compliance. It’s a community excelling in the ways of love.
These last few weeks in this city and this parish have arguably been the worst of times. Yet, I have witnessed the best of us. Our future, the future of the Church, depends on what is emerging here: ordinary people excelling in the ways of love. As Reverend Trimble puts it, “Perhaps the holy work of this age is not to follow the right leader, but to learn how to move together without one”: coordination born of relationship. In other words, the future of the Church, the Church that Jesus hopes for, does not necessarily arrive with a charismatic leader, a gifted speaker, or a strategic mastermind. It arrives as community: disciples excelling in the ways of love.
***
Uno pensaría que cualquier movimiento social eficaz necesita un líder carismático, un orador talentoso, un estratega brillante. Pero tome la cuenta lo que la reverenda Cameron Trimble dice sobre lo que ha sucedido en Minneapolis estas últimas semanas. Ella escribe,
No hay un líder único en el centro de este movimiento. No hay una jerarquía pulida dando instrucciones. No hay una personalidad que lo mantenga todo unido. En cambio, veo a personas comunes acercándose unas a otras en torno a valores compartidos: dignidad, seguridad, responsabilidad, cuidado. Veo a vecinos alimentándose unos a otros. Veo a personas protegiéndose mutuamente. Veo el coraje multiplicarse en lugar de concentrarse. Esto no es caos. Es coordinación nacida de la relación.
Cuando se trata de leyes sobre cosas como obligaciones rituales, Jesús puede ser flexible, especialmente cuando esas reglas se imponen a costa de la compasión humana. Pero cuando se trata de la sustancia de la relación humana—el amor, la fidelidad, la veracidad—Jesús se mantiene firme. Va más allá de “no matar” para estar libre de desprecio; más allá de “no cometer adulterio” para estar singularmente dedicado; más allá de “cumple tu juramento” para poseer una profundidad de integridad donde ningún juramento es necesario. La comunidad que Jesús espera, una comunidad cuya justicia va más allá de la de los escribas y fariseos, es mucho más allá del cumplimiento de reglas y la conformidad externa. Es una comunidad que sobresale en los caminos del amor.
Estas últimas semanas, lo que he pasado en esta ciudad y en esta parroquia han sido de los peores tiempos. Sin embargo, he sido testigo de lo mejor de nosotros. Nuestro futuro, el futuro de la Iglesia, depende de lo que está surgiendo en estos días: personas communes sobresaliendo en los caminos del amor. Como escribe la reverenda Trimble, “Quizás la obra sagrada de esta época no sea seguir al líder correcto, sino aprender a movernos juntos sin uno”: coordinación nacida de la relación. En otras palabras, el futuro de la Iglesia, la Iglesia que Jesús espera, no llegará necesariamete con un líder carismático, un orador talentoso o un estratega brillante. Llega como comunidad: discípulos que sobresalen en los caminos del amor.