Our landscapes—our governments, workplaces, communities, and families—are invariably fields that hold both wheat and weeds. Good thrives, but so does evil. Our discouragement, our disgust when the landscape appears overrun by weeds may, in the words of the Book of Wisdom, lead us to disbelieve God’s power. Or conclude that he’s temporarily given up and just letting it all go to hell.
Jesus’ recommendation to let the weeds grow, to not bother with them, is confusing. But he may be suggesting that we give all of our attention to what’s in our control: to intensify our practice of faith, hope, and love; to live the life that is given us not the one we’d planned; to double down on sowing and growing and being wheat.
If Jesus’ apparently passive response to evil leaves us agitated or confounded, unconvinced that this is a good plan, then he’s accomplished what he intended. Parables are meant to unsettle us. Jesus plants the question of whether we truly trust that God’s wisdom will set things right, that goodness is greater than evil, that the kingdom of heaven will come to be, that life and love will win. Because in God’s kingdom, life and love win. Life and love always win. With God, it’s always too early for discouragement, too soon to pull up the weeds.
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Nuestros paisajes—nuestros gobiernos, lugares de trabajo, comunidades y familias—son invariablemente campos que contienen tanto trigo como cizaña. El bien prospera, y el mal también. Nuestro desánimo o disgusto cuando el paisaje parece invadido por cizaña puede, en palabras del Libro de la Sabiduría, llevarnos a dudar del poder de Dios. O concluir que él se ha rendido temporalmente y simplemente ha abandonado.
La recomendación de Jesús de dejar que crezcan la cizaña, de no molestarse con ella, puede ser confusa. Pero esto puede sugerir que enfoquemos todo nuestra atención en lo que aún está bajo nuestro control: intensificar nuestra práctica de la fe, la esperanza y el amor; vivir la vida que se nos ha dado y no la que habíamos planeado; perseverar en sembrar, crecer y ser trigo.
Si la aparente respuesta pasiva de Jesús ante el mal nos deja agitados o confundidos, convencidos de que su plan no va a funcionar, entonces ha logrado lo que quería. Las parábolas están hechas para inquietarnos. Jesús plantea la cuestión de si realmente confiamos en que la sabiduría de Dios para poner las cosas en orden, que la bondad es más fuerte que el mal, que el reino de los cielos llegará a ser, que la vida y el amor ganarán. Porque en el reino de Dios, la vida y el amor ganan. La vida y el amor siempre ganan. Con Dios, siempre es demasiado pronto para desanimarse, demasiado pronto para arrancar la cizaña.